jueves, 13 de noviembre de 2008



Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo,
cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una
breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la
importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades
de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja
y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin
calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y
le preguntó: En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de
comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?
El señor calmadamente respondió: amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que
nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la
vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y
con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y
así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contemplo el lugar por un momento, luego
se despidió y se fue. En el medio del camino, volteo hacia su fiel discípulo
y le ordenó: busque la vaquita, llévela al precipicio de allí en frente y
empújela al barranco.
El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la
vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió
el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujo la
vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la
memoria de aquel joven durante algunos años.
Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y
regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y
ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy
bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de
tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.
El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde
familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y
llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven pregunto
por la familia que vivía allí hace unos cuatro años, el señor respondió que
seguían viviendo allí.
Espantado el joven entro corriendo a la casa y confirmó que era la misma
familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le
pregunto al señor (el dueño de la vaquita): ¿Cómo hizo para mejorar este
lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaquita que cayo
por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de
hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que
teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.
Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica
para nuestra sobrevivencia la cual es una convivencia con la rutina, NOS
HACE DEPENDIENTES, Y CASI QUE EL MUNDO SE REDUCE A LO QUE LA VAQUITA NOS
PRODUCE. Descubre cual es tu vaquita y aprovecha para empujarla por el
precipicio.
Locura: Seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.
~ Anónimo ~

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